Lo peor, como siempre, Anna Paquin y sus dientes separados, y su cara de croqueta, y su mirada de vaca enferma, y sus tetas preciosas, y su incapacidad natural para actuar. Pero por alguna razón la soportamos y la queremos. Porque True Blood, sin ella, sería una serie menos mala. Y nos gusta que sea muy mala.